La anatomía de la nariz del perro favorece su desarrollado olfato: - los orificios de las dos cavidades nasales y su orientación permiten ampliar el campo olfatorio del perro con respecto al hombre; - los cornetes nasales separan el aire en dos corrientes: - la mayor parte atraviesa las cavidades nasales hacia la laringe y luego, hacia la tráquea y los bronquios. - un volumen de aire más pequeño es desviado hacia arriba, en dirección a la zona olfatoria, recubierta por la mucosa pituitaria que contiene las células olfatorias. La conformación del hocico del perro influye sobre su olfacción. Así, esta última está más desarrollada en los perros mesocéfalos que en los otros tipos. En efecto, el acortamiento y la deformación del cráneo de los perros braquicéfalos crean un obstáculo para la circulación del aire y la longitud del testuz de los perros dolicocéfalos disminuye el paso de efluvios hacia la zona olfatoria.
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Área olfatoria del perro.
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1.seno frontal 2.lámina cribada del etmoides 3.nervio etmoidal 4..nervios olfatorios 5.parte nasal de la cavidad faríngea 6. nervio nasal caudal 7. nervio vómeronasal 8 y 9. ramificaciones nasales del nervio etmoidal
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Los olores y su diseminación
Todo ser vivo produce moléculas con propiedades odorantes, gustativas o de color. Las moléculas odorantes son volátiles, de peso molecular inferior a 300 d.
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La disipación de los olores en la atmósfera depende de varios mecanismos:
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– La producción de los olores se debe a la emisión de partículas por el cuerpo humano y animal. Estas partículas, de tamaño pequeño (14 µm para un peso de 70 ng en promedio), son producidas cada día en grandes cantidades. – El organismo está rodeado por corrientes de aire en la superficie de la piel. Estas corrientes, estudiadas en el hombre, nacen en los pies y suben a lo largo del cuerpo para culminar a 40 cm por arriba de la cabeza. En su recorrido, arrastran las partículas odorantes que se diseminan así en el medio ambiente. Las partículas más livianas se diseminan más y son más sensibles a las modificaciones atmosféricas que las más pesadas.
En función de los movimientos del cuerpo, el esquema odorante del organismo tendrá diferentes formas: – alrededor de un individuo inmóvil, en un medio ambiente calmo, se crea un hemisferio odorante con centro en el organismo; – cuando hay viento, el olor de un individuo inmóvil se presenta como un cono cuyo vértice es el organismo; – un individuo en movimiento deposita, en cierto ancho, partículas odorantes que constituyen el rastro (o pista).
Las corrientes de aire corporales. (Según Syrotuck)
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Las variaciones atmosféricas modifican los esquemas de difusión de los olores:
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– el viento desplaza el movimiento de las partículas en la atmósfera; así, una pista formada con viento de costado puede desplazarse lateralmente varias decenas de centímetros. Por otro lado, la intensidad del viento influye en la formación del cono odorante del individuo inmóvil: un viento suave favorece la difusión de las moléculas mientras que un viento fuerte disminuye la remanencia del olor por diseminación de las mismas. – la temperatura y la humedad ambiente, por una parte, modifican la densidad del aire y, por lo tanto, los movimientos del mismo; por otra, pueden provocar una desecación de la mucosa olfatoria, lo que disminuye de manera importante la sensibilidad olfatoria.
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Estos factores meteorológicos tienen mayor incidencia sobre el olor atmosférico (partículas livianas) que sobre el olor de pista (partículas pesadas).
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Diseminación de las partículas odorantes en una pista en función del viento.
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1. bandas de partículas odorantes muy livianas 2.bandas de partículas odorantes livianas 3.bandas de partículas odorantes pesadas 4. huellas de pasos 5. trayecto seguido por el perro 6. dirección del viento
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La difusión de los efluvios bajo la nieve:
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La diferencia de temperatura entre un organismo sepultado bajo la nieve y la superficie provoca corrientes ascendentes que transportan moléculas odorantes. Sin embargo, en función de la naturaleza de la nieve, el avan ce de los olores se hará con mayor o menor facilidad: la nieve en polvo encierra una gran cantidad de aire que facilita el trayecto de las corrientes de aire caliente; al contrario, en presencia de nieve más compacta o de placas de hielo, los olores pueden desplazarse en la nieve y salir al exterior a varios metros de la persona sepultada.
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La fisiología olfatoria del perro
El reconocimiento de los olores por el perro implica la fijación de las moléculas correspondientes a los receptores de la mucosa pituitaria. La localización de estos receptores (más o menos específicos de los olores) es particular y definida, de manera que su activación o inhibición representa una "imagen pituitaria" específica de cada olor. El cerebro analiza esta imagen y reconoce entonces el olor respirado por el perro.
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Para aumentar el volumen de aire que llega a la mucosa pituitaria, el perro desarrolla un comportamiento de olfateo caracterizado por el aumento del flujo de la corriente aérea y la amplificación del paso de esta corriente hacia el techo de las cavidades nasales.
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La sensibilidad olfatoria del perro depende de diferentes elementos:
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– La superficie de la mucosa pituitaria es mayor en el perro que en el hombre: 200 cm2 en el Pastor alemán (lo que corresponde a 200 millones de células olfatorias) frente a 10 cm2 en el hombre (correspondientes a 10 millones de células). El número de células olfatorias depende de la raza del perro: - Pastor alemán: 200 millones de células - Fox terrier: 147 millones de células - Teckel: 125 millones de células - Labrador: 220 millones de células - Cocker spaniel: 67 millones de células
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– La sensibilidad olfatoria depende de la importancia del tamaño de la zona olfatoria del cerebro con respecto al tamaño total de este órgano. En el hombre, ésta zona representa el 0,29 % del cerebro, mientras que en el perro ocupa el 10,1 %.
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– La pigmentación de la mucosa pituitaria tiene une influencia directa sobre el olfato. En efecto, los albinos tienen un olfato imperfecto llamado "anosmia parcial", mientras que los perros de pelaje oscuro tienen una sensibilidad olfatoria más grande.
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– El umbral de sensibilidad (que corresponde a la concentración mínima que se puede percibir) es más bajo en el perro que en el hombre, en función de la sustancia odorante y del aprendizaje del perro (véase el cuadro anexo).
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– La olfacción del perro es de tipo molecular, es decir, a cada molécula corresponde un olor determinado. Así, el perro tiene un poder discriminatorio cualitativo y sería capaz de diferenciar las 250.000 combinaciones Cachorro de olores distintos que se pueden crear a partir de los siete olores primarios (alcanfor, almizcle, flores, menta, éter, acre y pútrido).
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– En general, la hembra es más sensible a los olores que el macho pero esta sensibilidad varía en función del ciclo sexual. De hecho, varios trabajos científicos han demostrado que el olfato depende en parte de las hormonas sexuales: la inyección de testosterona a un macho aumenta la sensibilidad olfatoria del mismo mientras que la castración la disminuye de manera muy significativa; de la misma manera, la administración de estrógenos a la hembra mejora su sensibilidad olfatoria.
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– La agudeza olfatoria del perro puede variar en función de las modificaciones biológicas: una degradación del estado general (pérdida de peso, enfermedad, etc.) acelera la aparición de fatiga olfatoria; el hambre aumenta la agudeza de base de un animal, mientras que la saciedad provoca su diminución; por otra parte, la digestión provoca una diminución de la sensibilidad olfatoria durante la hora siguiente a la ingesta.
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La olfacción del perro durante la búsqueda
Las aplicaciones de la olfacción del perro son diversas:
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– los perros de caza sabuesos o los perros de rastro (deporte canino o rastreo utilitario) detectan fácilmente los olores dejados por animales o individuos a lo largo de una pista;
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– los perros de caza de muestra y los perros de búsqueda de personas sepultadas bajo escombros y avalanchas, o de diversas sustancias, como explosivos, estupefacientes y trufas, detectan fácilmente una fuente odorante a distancia.
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La sensación olfatoria es de aparición lenta: se estima que el tiempo de reacción oscila entre 0,5 y algunos segundos en el hombre (concepto de latencia de aparición). Sin embargo, la percepción persiste durante cierto tiempo tras el alejamiento de la fuente odorante (concepto de persistencia de la sensación olfatoria). Estos dos conceptos se ponen de manifiesto en el caso de un perro de rastro que sigue una huella cuando el estímulo olfatorio (olor humano desconocido) está por debajo de su umbral de olfacción; la adición de los diferentes estímulos permite superar este umbral. Así, la intensidad del olor percibido se correlaciona con el número de inhalaciones. Durante los rastreos sin presentación inicial del olor buscado, la pista debe ser de por lo menos 600 a 1 000 metros para que el perro pueda hacer un diagnóstico del olor individual. De esta manera, el perro será capaz de encontrar, entre un grupo de personas, a aquella que ha creado la pista o de seguir persiguiendo el mismo animal cuando éste pase cerca de otros individuos de la misma especie.
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Cachorro Setter inglés en posición de muestra ante a la presa. © Royal Canin |
La discriminación entre el sentido drómico (sentido del avance del animal rastreado) y el sentido antidrómico parece estar relacionada con la capacidad del perro para detectar diferencias de tiempo y de intensidad de estimulación entre las dos cavidades nasales (como en el hombre, pero en mayor grado). El perro se dirige entonces en la dirección en la que el olor le parece más fuerte.
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Cuando se estimula de manera constante o mediante efluvios numerosos y seguidos el órgano olfatorio, la sensación olfatoria declina hasta desaparecer; se trata de un fenómeno de adaptación. Esta adaptación es máxima al cabo de 2 ó 4 minutos. La sensibilidad normal se recupera al cabo de 3 ó 4 minutos pero incluso, puede necesitar hasta 1 hora. Esta adaptación es específica para un olor determinado y el aparato olfatorio sigue siendo sensible a los demás olores.
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Después de 1 ó 2 horas de un trabajo intenso que requiera el uso del olfato, el perro experimenta un fenómeno de fatiga olfatoria, acompañado de fatiga general. Por esta razón, cuando una búsqueda es larga, es necesario alternar períodos de trabajo y de reposo.
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El aprendizaje del olfato
A pesar de que su olfato esté naturalmente muy desarrollado, el entrenamiento permite que el perro: – disminuya su umbral de percepción si se lo hace trabajar con un mismo olor. Así, a semejanza de los perfumistas, el perro será más sensible a cierto olor si se lo pone periódicamente en contacto con él; – aumente su poder de discriminación; así, un perro experimentado puede distinguir los diferentes componentes odorantes de una pista.
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No hay que olvidar que, hasta no hace mucho tiempo, el perro utilizaba su olfato para buscar su alimento, motivación primordial para él. Así, siempre hay que asociar una motivación al olor descubierto para que el perro indique su presencia.
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